Las playas bellas de México Opciones



Y sabríTriunfador que, si se te ocurriera seguir hacía el sur, no encontraríFigura más tierra firme, solo aguas heladas e icebergs hasta la Antártida. Arribaste a la ciudad más austral del mundo.

Relámpagos de inscripción poesía hay todavía en otras composiciones suyas, especialmente en El Tenebrario y en los bellos tercetos Eva delante el difunto de Adán.

Por la serie de hechos expuestos hasta aquí, se habrá inferido que en México la condición de literato clásico va generalmente unida a la conservador en política, y a la de neocatólico, ultramontano, o como quiera decirse, en todo aquello que toca a las relaciones y conflictos entre la Iglesia y el Estado; al paso que los escritores que militan en los partidos liberales, propenden más bien a la decisión romántica. Esta regla no es tan general, sin embargo, que no tenga algunas excepciones, y baste por todas la del renombrado jurisconsulto D. Ignacio Ramírez, más conocido por su pseudónimo de El Nigromante , sectario del ateísmo y del positivismo más crudos, corifeo de la política más radicalmente revolucionaria, uno de los principales fautores y ejecutores de las llamadas leyes de Reforma que sancionaron el despojo y venta de los caudal del clero. Este personaje, cuya audacia demoledora, fría e imperturbable, aterraba a sus propios correligionarios, que le acusaron de comprometer el resultado de su obra por excesiva traje de cinismo: este fanático de la incredulidad, que llegó a rodearse de cierta aureola mefistofélica: este terrible y acerado polemista cuya ironía ha llegado a ser comparada con la de Voltaire (aunque suponemos que de la comparación habrá que rebajar congruo, si cambiamos la moneda mexicana en francesa), Cuadro, en literatura, clásico como Voltaire: así nos lo persuaden los pocos versos suyos que conocemos, muy esmerados y correctos aunque algo secos; y no lo desmienten sus propias Lecciones de Humanidades , que son, como él dice, «más bien gramaticales que históricas y críticas», y presentan la estética estrecha a una fisiología del lenguaje; sentido suficiente análogo al del empirismo del siglo pasado.

Al flanco de este epigrama , que parece traducido de alguno de los más lindos de la Recopilación griega, pueden ponerse los dos sonetos que en el texto de nuestra colección figuran, y en que se desarrolla con mucho primor de expresión el mismo tema del bienquerencia senil, que Cuadro singular de los tópicos predilectos de este poeta.

Los certámenes menudeaban y había plaga de poetas, o mejor dicho, de versificaciones, latinos y castellanos. Más de ciento, perteneciente a esta época, se encuentran citados en el vasto trabajo bibliográfico de Beristain, y debió de sobrevenir muchos más si se considera que sólo a los certámenes de la Inmaculada, publicados por Sigüenza y Góngora con el título de Triumph Parthémico concurrieron más de cincuenta aspirantes. A los eruditos del país corresponde la tarea de entresacar de todo ese fárrago lo que pueda tener algún valor relativo, no obstante como poesía, luego como documento histórico. Para nuestro objeto, la poesía mexicana del siglo XVII se reduce a un solo nombre, que vale por muchos: el de sor Juan Inés de la Cruz. Es cierto que en una historia detallada no podría prescindirse de algunos versificadores gongorinos que demostraron cierto ingenio, como el jesuíta MatíCampeón de Bocanegra, autor de una Canción alegórica al desengaño , que se hizo muy popular y fue glosada por muchos poetas, obra no despreciable, Vencedorí por la fluidez de los versos como por la delicadeza del sentido místico. Vale mucho menos como poeta, y es de los más lóbregos y entenebrecidos de la escuela, un hombre de los más ilustres que ha producido México, y cuyo nombre es inasequible omitir aquí, no por su Triumph Parthénico , ni por su poema Hierático histórico de la Virginal de Guadalupe, que tituló Primaveral Indiana , sino por sus escritos en prosa, los cuales les bastan y sobran para comprender a qué graduación de Civilización científica habían llegado algunos escritores hispano-americanos de fines del siglo XVII, es asegurar, de la época más desdeñada y peor reputada, no sólo en la historia de humanidades colonial, sino en la Caudillo historia de España.

 En este país, atravesado por la dirección del Ecuador, se pueden hacer safaris en Aeróstato y en tienda de campaña, a pie y en camello, y tiene una de las mejores ofertas del mundo para auténticos viajeros. Terminamos recorriendo el mundo swahili de la costa, donde se instalaron los mercaderes árabes que comerciaban con Oriente y que destilaron todos los exotismos de África y Asia en los puertos del Índico. Las playas de Kenia en este mar están entre las mejores del continente, y el alucinación termina en Lamu, el último paraíso secreto de la costa keniana, que parece incólume desde el siglo XVIII.                                                                                       Histórico de emisiones:20/05/200130/05/201008/08/2012

Ni siquiera parecen traducidos del mismo diferente. Creo, pues, sin absolver a Pesado de toda tropiezo en este punto, que se ha exagerado de un modo ridículo este cargo, en sí mismo admisiblemente poco importante.

Pero es cierto que los mismos libros de los poetas clásicos usados comúnmente en las escuelas, iban de España, sin que apenas haya otra excepción que un Ovidio (Tristes y Ponto) de 1577 y por lo que toca a la poesía vulgar, no hay en rigor ni un solo texto, puesto que nadie ha trillado, y todo induce a tener por imaginario, el Cancionero Spiritual , de un P. Las Casas, indigno religioso de esta Nueva España , que se dice impreso en Las playas mas bellas de México México por Juan Pablos, en 1546. La portada, única cosa que del obra sabemos, y en la cual se declara que contiene «obras muy provechosas y edificantes, en particular unas coplas muy devotas en loor de Nuestro Señor Jesu Christo y de la Sacratíssima Inmaculado María, Su Madre, con una parodia intitulada del Juico final», tiene todas las trazas de ser una broma de algún bibliófilo maleante, para chasquear a sus compañeros con la estupenda comunicación de un cancionero mexicano de 186 folios. Icazbalceta ha puesto de realce todas las inverosimilitudes, o más aceptablemente imposibilidades, que se oponen a la existencia de tal obra, y por nuestra parte, sólo nos mueve a mencionarla el pasar divulgada su información en obra tan acreditado y tan seguro en sus indicaciones bibliográficas como la traducción españoleaje de Ticknor.

Lo más innovador, lo más mexicano, y a la momento lo más perfecto de Pesado, son sus sonetos y romances descriptivos, en que con manejable y risueño pincel traslada paisajes de Orizaba y Córdoba o escenas del campo y de la aldea; procesiones, lidias de toros, riñCampeón de gallos, carreras de caballos, volatines y fuegos. Al flanco de esta colección admisiblemente puede ponerse otra titulada Las Aztecas , en que su autor intentó la creación de una poesía indígena, traduciendo y glosando (al opinar suyo) cantares de más o menos sospechosa autenticidad, entre los cuales están las famosas poesíVencedor del rey Netzahualcoyotl, y otras anónimas. Semejante trabajo no puede ni debe estimarse como traducción; es cosa probada que Pesado no conocía las lenguas indígenas, y que se valió únicamente de algunos fragmentos traducidos en prosa en las antiguas crónicas, y de otros que le interpretó un indio, amigo suyo, llamado D. Faustino Chimalpopoca y Galicia, el cual estrellaía proponer posteriormente que los versos de Pesado nada tenían que ver con el texto que él le había dado literalmente traducido.

Su espíritu honrado y sereno complácese, sobre todo en los memorias del Val de la infancia y de la materna Pueblo, y aunque no sea muy llamativo, ni en su guisa de sentir, ni en la de expresar lo sentido, y deje por esto huella poco honda en el espíritu, agrada siempre por lo apacible y cadencioso de la versificación y por cierta melancolía resignada. Aunque tiene su modo propia, no parece extraño a la repaso de los modernos poetas españoles, y Selgas, Ruiz Aguilera y Bécquer fueron quizá los que más influyeron en él, como más análogos a su índole, especialmente el primero, puesto que al último, si le imitó en el sentimiento no quiso remedarle en la incorrección, ni siquiera en la forma heiniana de rimas breves.

Lo que había en realidad Cuadro muy mal capricho literario y mucha distracción a ridículos esfuerzos de atletismo intelectual. Un religioso mercenario, Fr. Juan de Valencia, de quien cuentan que se había aprendido de memoria el Calepino , escribió una Teresiada o poema latino acerca de Santa Teresa en 350 dísticos retrógados , es opinar, que se pueden observar al revés. Otros se dedicaban a hacer centones de las obras de Góngora, sacando los versos de su sitio para componer con ellos nuevos poemas; Ganadorí lo hizo el universitario Francisco Ayerra y Santa María, oriundo de Puerto Rico, a quien llama don Carlos de Sigüenza «erudita enciclopedismo de las floridas literatura». Góngora había pasado a la categoría de clásico, y los poemas de su última y depravada guisa se leían y comentaban en las escuelas al igual que los de Homero y Virgilio.

el «sublime martirologio de la idea»; la «pupila augusta de la historia», revuelto todo con imágenes tan descabelladas como proponer del hombre

Pues desde que amanece el rubio Apolo En su coche de fuego, a cuya claridad Huye el frío dragón, revuelto al polo, Al mismo paso que su faro derrama, Halla un mundo sembrado de blasones, Bordados todos de española triunfo.

Ese siempre será el primer paso para comenzar un alucinación. Un viaje que no importa cuan allí sea porque, por encima del destino, está el camino a recorrer.

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